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Sevilla mira al espacio: la Agencia Espacial Española se asienta sobre una industria aeronáutica con historia

La elección de Sevilla como sede de la nueva agencia no fue casual. La ciudad lleva décadas fabricando aviones y aspira ahora a atraer la economía de los satélites.

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Redacción · Tecnología
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Sevilla
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Ingenieros con trajes de sala limpia ensamblan un pequeño satélite en un laboratorio con vistas a Sevilla
Ensamblaje de un pequeño satélite en una sala limpia.

Cuando el Gobierno anunció en 2022 que Sevilla sería la sede de la futura Agencia Espacial Española, por delante de otras ciudades candidatas, la decisión se explicó con argumentos industriales. La capital andaluza no partía de cero: lleva décadas fabricando aviones y forma parte de uno de los principales polos aeronáuticos del país.

La agencia, creada formalmente en 2023, tiene el encargo de coordinar la política espacial española, representar a España ante la Agencia Espacial Europea y otros organismos internacionales, e impulsar un sector que combina grandes contratistas con pequeñas empresas especializadas en satélites, sensores y software.

Una ciudad que fabrica aviones

El argumento de más peso está a pocos kilómetros del centro. En la planta de Airbus en San Pablo se realiza el montaje final del A400M, el avión de transporte militar europeo, y en torno a ella ha crecido un tejido de proveedores, ingenierías y centros de formación. El parque aeronáutico Aerópolis, en La Rinconada, reúne a buena parte de esas empresas.

La industria espacial y la aeronáutica comparten procesos, materiales y perfiles profesionales, y la apuesta de Sevilla consiste en aprovechar ese conocimiento para atraer proyectos vinculados a la economía de los satélites: observación de la Tierra, comunicaciones y servicios de datos.

Fabricar satélites no es fabricar aviones, pero se parece más de lo que parece.

La competencia europea

El reto es de escala. España participa en los grandes programas europeos y cuenta con empresas competitivas, pero el presupuesto espacial del país sigue lejos del de Francia, Alemania o Italia. La agencia tiene por delante la tarea de ordenar recursos repartidos entre varios ministerios y de convertir la sede en un polo de atracción real de inversión y talento.

Para Sevilla, la oportunidad es diversificar una economía muy dependiente del turismo y los servicios. Si la apuesta sale bien, la ciudad sumará a su imagen de patrimonio y cultura la de un lugar donde también se diseña el futuro.

Un ecosistema más amplio

La industria aeroespacial andaluza no se reduce a una sola fábrica. En torno a Sevilla y Cádiz trabajan ingenierías, fabricantes de componentes, empresas de mecanizado de precisión y compañías de software que suministran a los grandes programas europeos. La Universidad de Sevilla, con su Escuela Técnica Superior de Ingeniería, forma cada año a ingenieros aeronáuticos y de telecomunicaciones que alimentan ese tejido, y los centros de formación profesional han desarrollado titulaciones específicas para el sector.

El aeropuerto de Morón y otras instalaciones de la zona han servido además como banco de pruebas para vehículos no tripulados, un campo en el que la experiencia aeronáutica se combina con la electrónica y las comunicaciones por satélite. Es precisamente en esa intersección donde muchos expertos sitúan las mayores oportunidades de crecimiento.

La economía de los satélites

El abaratamiento de los lanzamientos y la miniaturización de los satélites han cambiado las reglas del sector en la última década. Donde antes solo competían agencias públicas y grandes contratistas, hoy hay empresas emergentes que diseñan constelaciones de pequeños satélites para observar cultivos, vigilar incendios, medir emisiones o dar cobertura de comunicaciones en zonas remotas. España cuenta con varias compañías de este tipo, y la agencia aspira a coordinar su crecimiento con los programas europeos.

El valor, coinciden los analistas, no está solo en fabricar el satélite, sino en procesar y vender los datos que genera. Eso exige ingenieros, pero también especialistas en análisis de datos, en inteligencia artificial y en regulación. Para una ciudad como Sevilla, competir en ese terreno significa atraer y retener un tipo de talento que hasta ahora tendía a marcharse a Madrid o al extranjero.

La sede de la agencia es, en ese sentido, más una oportunidad que un punto de llegada. Su éxito se medirá en contratos, empresas y empleos dentro de diez años, no en la placa de la puerta.

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