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Málaga, del sol al software: la ciudad que quiere ser la capital tecnológica del sur de Europa

Un parque tecnológico con más de treinta años, una startup local comprada por Google y un centro de ciberseguridad de referencia han cambiado la imagen de la ciudad. El reto es crecer sin expulsar a sus vecinos.

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Redacción · Tecnología
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Málaga
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El paseo del Muelle Uno en el puerto de Málaga al atardecer, con la catedral al fondo
El Muelle Uno, en el puerto de Málaga, con la catedral al fondo.

Durante décadas, Málaga fue sinónimo de playa, aeropuerto y turismo de sol. Hoy, cuando se habla de la ciudad en foros internacionales de tecnología, aparece con frecuencia otra palabra: ciberseguridad. La transformación no ha sido repentina, y tiene varios puntos de partida.

El primero es el Parque Tecnológico de Andalucía, que comenzó a funcionar en 1992 en el término municipal de Málaga y que, con el nombre de Málaga TechPark, reúne hoy a cientos de empresas y a decenas de miles de trabajadores. El segundo es una historia empresarial: VirusTotal, un servicio de análisis de archivos maliciosos fundado en la ciudad, fue adquirido por Google en 2012 y mantuvo en Málaga su equipo.

El centro de Google

Aquella compra explica en buena medida la decisión de Google de abrir en Málaga, en 2023, su Centro de Ingeniería de Seguridad, uno de los pocos que la compañía tiene en Europa. El anuncio actuó como reclamo para otras empresas tecnológicas y para profesionales extranjeros atraídos por la combinación de clima, conexiones aéreas y un coste de vida inferior al de otras capitales europeas.

La Universidad de Málaga y los programas de formación en ingeniería e informática son la otra pata del ecosistema. Las empresas del sector coinciden en que la principal limitación ya no es atraer inversión, sino encontrar suficientes perfiles técnicos para cubrir la demanda.

El clima trae a la gente. Lo que la retiene es encontrar trabajo cualificado y poder pagar una casa.

El precio del éxito

El crecimiento tiene un reverso. Málaga es una de las ciudades españolas donde más se han encarecido la vivienda y el alquiler en los últimos años, con una fuerte presencia de pisos turísticos en el centro histórico. En 2024, miles de personas salieron a la calle bajo el lema «Málaga para vivir» para reclamar medidas contra la escasez de vivienda asequible.

El desafío para la próxima década es encajar ambas realidades: aprovechar el impulso tecnológico sin que los salarios locales queden muy por detrás del coste de vivir en la ciudad. De cómo se resuelva dependerá si Málaga se convierte en un polo tecnológico de verdad o en un escaparate que solo algunos pueden permitirse.

Conexiones y talento

El aeropuerto de Málaga-Costa del Sol es uno de los de mayor tráfico de España y conecta la ciudad con decenas de destinos europeos, una ventaja decisiva para empresas que trabajan con clientes en varios países. La alta velocidad ferroviaria la sitúa a menos de tres horas de Madrid. Esa combinación ha convertido a Málaga en destino de profesionales en remoto y de empresas que buscan abrir oficinas fuera de las grandes capitales.

La ciudad ha apostado también por la cultura como reclamo: el Museo Picasso, el Centre Pompidou Málaga y el Museo Carmen Thyssen forman parte de una transformación urbana que empezó en el centro histórico y en el puerto, con la peatonalización de calles y la apertura del Muelle Uno.

Lo que falta

Las empresas del sector señalan dos cuellos de botella. El primero es la vivienda: atraer a ingenieros y analistas es difícil si no encuentran dónde vivir a un precio razonable. El segundo es la formación: la demanda de perfiles en ciberseguridad, datos e inteligencia artificial crece más deprisa que el número de titulados. La universidad y la administración autonómica han ampliado plazas y programas, pero el desfase persiste.

A eso se suma la competencia. Valencia, Sevilla, Bilbao o Zaragoza también intentan atraer empresas tecnológicas, y Lisboa o Oporto compiten por el mismo tipo de talento con argumentos parecidos. Málaga tiene a su favor una marca reconocible y una historia empresarial real; el riesgo es que el éxito se quede en el escaparate si no llega a los barrios y a los salarios de quienes ya vivían en la ciudad.

Redacción · Tecnología

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