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Del 22@ al MareNostrum: cómo Barcelona se ha hecho un sitio en el mapa tecnológico europeo

La ciudad suma un gran congreso mundial, un antiguo barrio industrial reconvertido en distrito de innovación y uno de los superordenadores más potentes de Europa. El reto ahora es retener talento con salarios y alquileres que no cuadran.

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Redacción · Tecnología
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Barcelona
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Oficina tecnológica en un antiguo edificio industrial de ladrillo con profesionales trabajando con ordenadores portátiles
Un espacio de trabajo tecnológico en una antigua fábrica del Poblenou.

Cada invierno, durante cuatro días, Barcelona se convierte en la capital mundial de la telefonía móvil. El Mobile World Congress, que la ciudad acoge desde 2006, reúne en el recinto de la Fira de Gran Via a decenas de miles de profesionales del sector y se ha convertido en el escaparate más visible de una apuesta que va mucho más allá de un congreso: hacer de Barcelona un polo tecnológico de primer orden en Europa.

La otra mitad de esa historia se escribe en el Poblenou. En el año 2000, el Ayuntamiento impulsó el plan 22@ para transformar un barrio de fábricas textiles y almacenes abandonados —el llamado Manchester catalán— en un distrito dedicado a la innovación. Dos décadas y media después, antiguas naves de ladrillo albergan startups, centros de investigación, universidades y oficinas de grandes multinacionales.

Ciencia de alto rendimiento

En el campus norte de la Universitat Politècnica de Catalunya, el Barcelona Supercomputing Center alberga el MareNostrum 5, inaugurado a finales de 2023 dentro de la iniciativa europea EuroHPC. Es uno de los superordenadores más potentes del continente y está al servicio de investigaciones en clima, medicina, materiales o inteligencia artificial. Su predecesor ocupaba, de forma célebre, el interior de una antigua capilla.

La capacidad de cálculo se ha convertido en un recurso estratégico en la era de la inteligencia artificial, y disponer de una infraestructura de este nivel sitúa a Barcelona en una posición privilegiada para atraer proyectos científicos y empresariales que necesitan procesar enormes volúmenes de datos.

La ciudad atrae talento con su calidad de vida, pero lo pone a prueba con sus alquileres.

El talento y su precio

Los informes sobre ecosistemas emprendedores sitúan a Barcelona, de forma recurrente, entre los principales centros de startups de Europa, en competencia directa con Madrid, que concentra más sedes corporativas y capital riesgo. La Ley de Startups, aprobada a finales de 2022, introdujo incentivos fiscales y un visado para nómadas digitales con el objetivo de atraer profesionales extranjeros.

El cuello de botella, coinciden fundadores e inversores, está en el coste de la vida. Los salarios del sector tecnológico español siguen por debajo de los de Londres, Berlín o Ámsterdam, mientras el precio del alquiler en Barcelona se ha disparado. La ciudad que seduce con su clima, su mar y su vida cultural corre el riesgo de expulsar precisamente a los perfiles que pretende atraer.

Universidad y empresa

La red universitaria de Barcelona, con la Universitat de Barcelona, la Universitat Politècnica de Catalunya, la Universitat Pompeu Fabra y la Universitat Autònoma, entre otras, forma cada año a miles de ingenieros, científicos y especialistas en negocio. Escuelas de negocios con proyección internacional completan una oferta que atrae a estudiantes extranjeros, muchos de los cuales se quedan después a trabajar en la ciudad.

Los centros de investigación, desde el ámbito biomédico hasta las ciencias fotónicas o la computación, han creado un entorno en el que la transferencia de conocimiento hacia las empresas resulta más natural que en otras ciudades del sur de Europa. Varios fondos de capital riesgo tienen sede en Barcelona y han financiado a algunas de las startups españolas de mayor crecimiento.

Los límites

El ecosistema afronta problemas conocidos. El precio de la vivienda ha subido con fuerza y dificulta la llegada de profesionales jóvenes. La competencia por el talento con Madrid, Lisboa o Berlín es intensa, y los salarios, aunque más altos que la media española, siguen por debajo de los de otras capitales tecnológicas europeas. A eso se suma la necesidad de que el crecimiento del sector llegue también a los barrios que no forman parte del circuito del 22@.

Barcelona tiene la ventaja de una marca internacional sólida y de una combinación difícil de igualar entre calidad de vida, cultura y tejido científico. El desafío es convertir esas ventajas en empresas que crezcan sin tener que marcharse.

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