Ciudades / Turismo
Cuando el visitante desborda la ciudad: España busca el límite de su éxito turístico
El país encadena récords de llegadas internacionales mientras vecinos de Barcelona, Palma, Málaga o Canarias salen a la calle para reclamar que el turismo no expulse a quienes viven allí.
- Texto
- Redacción · Sociedad
- Lugar
- Barcelona
- Publicado
- Lectura
- 6 minutos

España es, desde hace años, uno de los dos países más visitados del mundo. En 2024 recibió alrededor de 94 millones de turistas internacionales, un récord que confirmó la recuperación total tras la pandemia. Para la economía, la cifra es una buena noticia: el sector representa en torno a un 12% del producto interior bruto y sostiene millones de empleos directos e indirectos. Para una parte creciente de los vecinos de los destinos más populares, en cambio, es la medida de un problema.
La primavera y el verano de 2024 dejaron imágenes inéditas: miles de personas manifestándose en Canarias bajo el lema de que el archipiélago tiene un límite, protestas en Palma y Málaga y, en Barcelona, manifestantes que rociaban con pistolas de agua a los visitantes sentados en las terrazas. El gesto dio la vuelta al mundo y obligó a muchos a preguntarse qué estaba ocurriendo en el país que mejor había sabido vender su sol.
Vivienda, el centro del conflicto
El malestar tiene muchas capas —saturación del espacio público, comercios de barrio sustituidos por tiendas de recuerdos, presión sobre el agua y el transporte—, pero casi todas desembocan en la vivienda. La expansión de los pisos turísticos ha reducido la oferta de alquiler de larga duración en los centros históricos y ha encarecido el resto. Barcelona respondió con una medida drástica: anunció que no renovará las licencias de apartamentos turísticos, alrededor de diez mil, con el horizonte de 2028.
El sector turístico advierte de que medidas así pueden desplazar el problema hacia la oferta ilegal o hacia municipios vecinos, y recuerda que el turismo ha sido el gran motor de la recuperación económica. Los colectivos vecinales replican que no piden menos turistas por principio, sino un modelo que no convierta los barrios en decorados.
No piden menos turistas por principio, sino barrios que no se conviertan en decorados.
Las herramientas sobre la mesa
Ciudades y comunidades ensayan fórmulas distintas: tasas turísticas más altas, limitación de cruceros, registros obligatorios de viviendas de uso turístico, zonificación de licencias o campañas para atraer visitantes fuera de temporada. Ninguna es una solución completa y todas generan resistencia en algún sector. Los expertos en planificación turística coinciden en que la clave está en medir la capacidad de carga de cada destino y gestionar en consecuencia, algo que España apenas ha empezado a hacer.
El debate, en el fondo, es sobre qué tipo de país quiere ser España en las próximas décadas. El turismo seguirá siendo una pieza central de su economía; la cuestión es si podrá crecer sin erosionar aquello que lo hizo atractivo: ciudades vivas, con vecinos, con comercio propio y con una vida cotidiana que no dependa del calendario de los vuelos.
Lo que se ha probado
Las ciudades españolas han ensayado distintas herramientas. Barcelona ha limitado las licencias de pisos turísticos y anunció su intención de no renovar las existentes en los próximos años. Palma y otras ciudades de Baleares han restringido el alquiler turístico en determinados tipos de vivienda. Valencia, Madrid, Málaga o San Sebastián han aprobado moratorias o planes especiales para el centro histórico, y varias comunidades autónomas han aplicado o estudiado tasas turísticas.
Los resultados son difíciles de medir porque se mezclan con otras variables, desde los tipos de interés hasta la llegada de nuevos residentes. Lo que sí parece claro es que la regulación del alquiler turístico tiene efecto local, pero no basta por sí sola para resolver un problema de vivienda que tiene causas más amplias.
Un debate económico
El sector turístico representa en torno a una octava parte del PIB español y es uno de los grandes generadores de empleo. Hoteleros, restauradores y agencias defienden que el problema no es el número de visitantes, sino su concentración en pocas zonas y pocas semanas. Por eso las estrategias públicas ponen el acento en repartir los flujos, atraer turismo de mayor gasto y alargar la temporada.
La pregunta de fondo es qué ciudades quieren ser sus vecinos. Ninguna capital quiere renunciar a los ingresos del turismo, pero tampoco a seguir siendo un lugar donde se pueda vivir.
Redacción · Sociedad
Más reportajes
Siga leyendo

Ciudades / Reconstrucción
Dos años después de la dana: l'Horta Sud reconstruye sus calles y el país sigue sin cerrar sus preguntas
El 29 de octubre de 2024, una gota fría arrasó decenas de municipios al sur de Valencia. Las fachadas vuelven a estar pintadas, pero la memoria del barro, el debate sobre las alertas y las obras pendientes siguen abiertos.

Ciudades / Urbanismo
Madrid Nuevo Norte: la mayor operación urbanística de Europa empieza a cambiar la silueta de la capital
Más de cinco kilómetros de vías junto a la estación de Chamartín se transformarán en un nuevo distrito de oficinas, viviendas y zonas verdes. El proyecto promete coser dos mitades de la ciudad separadas durante décadas por el ferrocarril.

Ciudades / Modelo urbano
El efecto Bilbao: cómo una ciudad industrial en crisis se reinventó junto a su ría
Hace casi tres décadas, el Guggenheim se convirtió en el símbolo de una transformación que muchas ciudades intentaron copiar. Detrás del edificio de titanio hubo un plan mucho más amplio, y nuevos retos.
