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Madrid Nuevo Norte: la mayor operación urbanística de Europa empieza a cambiar la silueta de la capital

Más de cinco kilómetros de vías junto a la estación de Chamartín se transformarán en un nuevo distrito de oficinas, viviendas y zonas verdes. El proyecto promete coser dos mitades de la ciudad separadas durante décadas por el ferrocarril.

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Redacción · Ciudades
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Madrid
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Horizonte del norte de Madrid con las Cuatro Torres, grúas y vías de tren en primer plano
El norte de Madrid, con el área de negocios de Castellana y los terrenos ferroviarios de Chamartín.

Durante medio siglo, los terrenos ferroviarios que se extienden al norte de la estación de Chamartín fueron una cicatriz en el mapa de Madrid: una franja de vías, naves y solares que separaba los barrios de Fuencarral, Tetuán y Hortaleza y que obligaba a rodear kilómetros para cruzar de un lado a otro. Esa cicatriz es hoy el escenario de Madrid Nuevo Norte, un proyecto que sus promotores presentan como la mayor operación de regeneración urbana de Europa.

La operación, aprobada definitivamente en 2020 tras más de un cuarto de siglo de proyectos fallidos, cambios de nombre y litigios, abarca unos 5,6 kilómetros de longitud a lo largo del eje de la Castellana. Prevé un nuevo centro de negocios junto a la estación, más de diez mil viviendas, equipamientos públicos y un gran parque que cubrirá parte del haz de vías.

Una estación para un siglo

La pieza central es la propia estación de Chamartín-Clara Campoamor, llamada a convertirse en uno de los grandes nudos ferroviarios del sur de Europa. Su remodelación, a cargo de Adif, pretende integrar alta velocidad, Cercanías y metro en un intercambiador capaz de absorber el crecimiento del tráfico de viajeros de las próximas décadas y de conectar mejor la ciudad con el aeropuerto de Barajas.

A su alrededor se levantará un distrito de oficinas con el que Madrid aspira a reforzar su posición como sede de empresas internacionales, un terreno en el que compite con otras capitales europeas. Las Cuatro Torres, el área de negocios construida sobre la antigua Ciudad Deportiva del Real Madrid, serán su vecino más inmediato.

El proyecto promete coser dos mitades de la ciudad que el ferrocarril mantuvo separadas durante décadas.

Las preguntas abiertas

No todo son elogios. Asociaciones vecinales y urbanistas críticos han cuestionado la proporción de vivienda asequible frente a la de oficinas, el impacto sobre el tráfico de un barrio de negocios de gran densidad y la duración de unas obras que se prolongarán durante muchos años. Otros señalan que la mayor parte del suelo procede de terrenos públicos ferroviarios y reclaman que los beneficios de la operación reviertan en la ciudad.

Los primeros movimientos de tierra y las obras de urbanización ya son visibles para quien circula por la M-30 o por la Castellana. Lo que todavía no se ve es la ciudad que surgirá allí. Madrid Nuevo Norte será, durante la próxima década, un termómetro de la capacidad de la capital para crecer sin expulsar a quienes ya viven en ella.

El papel de Chamartín

La remodelación de la estación de Chamartín, rebautizada como Chamartín-Clara Campoamor, es una pieza central del proyecto. La estación está llamada a convertirse en uno de los grandes nodos ferroviarios del país, con servicios de alta velocidad hacia el norte y conexiones de Cercanías y metro. Su transformación incluye el cubrimiento de buena parte de las vías, lo que permitirá construir encima zonas verdes y calles que hoy no existen.

El diseño urbano prevé un gran parque lineal y una red de calles que conectará barrios separados durante décadas. La movilidad es uno de los argumentos del proyecto: la mayor parte de los nuevos residentes y trabajadores tendrán transporte público a pocos minutos, y se han planificado nuevas estaciones y prolongaciones de la red de metro y Cercanías.

Las críticas

El proyecto también ha tenido detractores. Asociaciones vecinales y grupos ecologistas han cuestionado la edificabilidad del distrito de negocios, el peso de las oficinas frente a la vivienda y el porcentaje de vivienda protegida. Otros críticos señalan que una operación de este tamaño puede elevar los precios de los barrios cercanos y acelerar la sustitución de vecinos de rentas medias por otros de mayor poder adquisitivo.

Los promotores defienden que la operación generará empleo, vivienda y espacio público en una zona hoy ocupada por vías y solares. El calendario es largo: el desarrollo completo se extenderá durante muchos años, y cada fase dependerá de la evolución económica. Lo que es seguro es que la silueta del norte de Madrid ya no volverá a ser la misma.

Redacción · Ciudades

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