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El efecto Bilbao: cómo una ciudad industrial en crisis se reinventó junto a su ría

Hace casi tres décadas, el Guggenheim se convirtió en el símbolo de una transformación que muchas ciudades intentaron copiar. Detrás del edificio de titanio hubo un plan mucho más amplio, y nuevos retos.

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Redacción · Ciudades
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Bilbao
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El museo Guggenheim de Bilbao junto a la ría, con el puente de La Salve y los montes al fondo
El Guggenheim y el puente de La Salve, en la antigua zona industrial de Abandoibarra.

A comienzos de los años ochenta, Bilbao parecía una ciudad sin futuro. La reconversión industrial había desmantelado buena parte de los astilleros y la siderurgia que habían hecho rica a la villa, el paro se disparaba y la ría era un cauce contaminado flanqueado por solares y naves abandonadas. Las inundaciones de 1983 terminaron de dibujar un panorama de declive.

Lo que vino después se estudia hoy en escuelas de urbanismo de medio mundo. La apertura del Museo Guggenheim, en octubre de 1997, dio nombre al fenómeno —el «efecto Guggenheim»—, pero el edificio de Frank Gehry fue solo la pieza más visible de un plan mucho más amplio de regeneración impulsado por las instituciones vascas.

Más que un museo

El metro diseñado por Norman Foster, inaugurado en 1995, la limpieza de la ría, el Palacio Euskalduna de congresos y la recuperación de la orilla de Abandoibarra, donde antes había instalaciones portuarias e industriales, formaron parte del mismo impulso. La Torre Iberdrola, levantada en 2011, coronó la conversión de aquella zona en el nuevo centro de negocios de la ciudad.

El modelo funcionó porque combinaba la apuesta cultural con inversión en transporte, saneamiento y espacio público, y porque contó con una sociedad pública dedicada específicamente a gestionar los suelos liberados. En 2010, Bilbao recibió el Lee Kuan Yew World City Prize, uno de los galardones de urbanismo más prestigiosos del mundo.

El Guggenheim fue el icono. La transformación real se hizo en el metro, en la ría y en los barrios.

El siguiente capítulo

Casi treinta años después, la ciudad afronta los retos de su propio éxito: el aumento de los precios de la vivienda, la presión turística en el Casco Viejo y la necesidad de generar empleo cualificado en una economía cada vez menos industrial. La regeneración de Zorrotzaurre, una península convertida en isla con un plan director firmado por el estudio de Zaha Hadid, es la gran apuesta para la próxima generación.

La lección que deja Bilbao no es que un edificio espectacular pueda salvar una ciudad, sino que una ciudad puede transformarse cuando sus instituciones sostienen un mismo proyecto durante décadas, gobierne quien gobierne. Es, probablemente, la parte más difícil de copiar.

Lo que otros intentaron copiar

Tras la apertura del museo, decenas de ciudades de todo el mundo encargaron edificios espectaculares con la esperanza de repetir el fenómeno. Muchos de esos proyectos no lograron los resultados esperados, y algunos quedaron infrautilizados o generaron deudas importantes. Los urbanistas suelen citar esos casos para subrayar que el icono por sí solo no explica la transformación de Bilbao.

Lo que sí resultó determinante fue la coordinación entre administraciones. El Gobierno vasco, la Diputación Foral de Bizkaia, el Ayuntamiento y el Estado, a través de las entidades que gestionaban suelos ferroviarios y portuarios, participaron en sociedades conjuntas que planificaron y financiaron la regeneración. La venta de suelos recuperados permitió costear parte de las obras, en un esquema que luego se ha estudiado en otras ciudades.

Industria y conocimiento

Bilbao no dejó de ser una ciudad industrial: cambió de industria. El área metropolitana mantiene empresas de energía, ingeniería, máquina herramienta y servicios avanzados, y la proximidad de universidades y centros tecnológicos ha favorecido la aparición de compañías vinculadas a la transición energética y a la digitalización. El puerto, trasladado hacia el exterior del Abra, sigue siendo uno de los más importantes del norte de España.

El reto ahora es social. La ciudad ha envejecido, y la vivienda en los barrios centrales se ha encarecido. Zorrotzaurre, con viviendas, universidad y espacios para empresas, pretende evitar que la siguiente fase de la transformación se convierta solo en un nuevo escaparate.

Redacción · Ciudades

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