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2030, el Mundial a tres bandas: España prepara estadios, transporte y una final todavía en disputa

España, Portugal y Marruecos organizarán la Copa del Mundo del centenario. Las obras en los estadios avanzan, pero la sede de la final y el reparto de partidos siguen generando tensión entre ciudades.

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Redacción · Deportes
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Madrid
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Estadio de fútbol vacío al atardecer con los focos encendidos
Un estadio de fútbol iluminado al caer la tarde.

España volverá a organizar una Copa del Mundo casi medio siglo después de la de 1982. La FIFA confirmó en diciembre de 2024 que el Mundial de 2030 se disputará en España, Portugal y Marruecos, con un guiño a la historia: tres partidos inaugurales se jugarán en Uruguay, Argentina y Paraguay para recordar que el primer Mundial se celebró en Montevideo en 1930.

Para el fútbol español, el torneo llega en un momento de prestigio deportivo. La selección femenina se proclamó campeona del mundo en 2023 y la masculina conquistó la Eurocopa en 2024, dos éxitos que han reforzado la imagen del país como potencia futbolística y que la federación quiere aprovechar como escaparate.

Estadios en obras

La candidatura española presentó una lista de estadios repartidos por todo el territorio, con varios de ellos inmersos en reformas profundas o pendientes de remodelación. Las ciudades seleccionadas ven en el torneo una oportunidad para renovar infraestructuras y atraer visitantes; las que quedaron fuera o en la reserva han protestado por un proceso que consideran poco transparente.

El calendario es exigente. La FIFA impone requisitos estrictos de aforo, accesibilidad, conectividad y sostenibilidad, y los organizadores deben coordinar tres países con sistemas administrativos distintos. El transporte entre sedes —incluidas las conexiones aéreas y marítimas con Marruecos— será uno de los grandes retos logísticos.

El Mundial no se gana solo en el césped: también en los trenes, los aeropuertos y las cuentas públicas.

La final, en el aire

La gran incógnita sigue siendo la sede de la final. España defiende que debe celebrarse en uno de sus grandes estadios, mientras Marruecos impulsa la construcción de un recinto de enorme capacidad cerca de Casablanca con la ambición de acogerla. La decisión, que corresponde a la FIFA, tiene tanto de deportiva como de diplomática.

Más allá del espectáculo, los economistas recuerdan que el impacto de los grandes eventos deportivos suele ser menor del prometido cuando se descuentan las inversiones públicas. La clave, señalan, está en que las infraestructuras construidas tengan uso después de 2030 y en que el gasto se rinda con transparencia. Esa es la final que, de verdad, se juega fuera del campo.

Estadios y ciudades

La candidatura conjunta presentó una lista de estadios repartidos por los tres países, con un peso destacado de España. Entre las sedes propuestas figuran recintos de Madrid, Barcelona, Bilbao, Sevilla, Valencia, Málaga, Zaragoza, San Sebastián, Las Palmas y La Coruña, entre otras ciudades. Varios de esos estadios ya han sido renovados en los últimos años; otros tienen proyectos de reforma o de nueva construcción pendientes, y la distribución final de partidos sigue siendo objeto de negociación.

Para las ciudades, la designación es mucho más que deportiva. Implica inversiones en transporte, seguridad y alojamiento, y una exposición internacional que los ayuntamientos esperan rentabilizar en forma de turismo durante años. La experiencia de otros grandes eventos, sin embargo, aconseja prudencia: no todas las infraestructuras construidas para un mundial han tenido después un uso que justifique su coste.

La cuestión del dinero

Buena parte de la inversión en estadios corresponde a los clubes, pero las obras urbanas y de transporte suelen depender de las administraciones. Los economistas del deporte recuerdan que el impacto económico de estos torneos tiende a sobrestimarse en los estudios previos y que los beneficios se concentran en sectores concretos, como la hostelería, durante pocas semanas.

Al mismo tiempo, el Mundial de 2030 tiene un componente simbólico excepcional: coincide con el centenario del primer campeonato del mundo, celebrado en Uruguay en 1930, y por eso la FIFA decidió que los primeros partidos se disputen en Sudamérica. Para España, que organizó el torneo en 1982, será la segunda vez como anfitriona. El reto será que el recuerdo que deje se parezca más a una fiesta bien organizada que a una lista de obras inacabadas.

Redacción · Deportes

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