Sociedad / Biodiversidad
El lince ibérico, de rozar la extinción a convertirse en el mayor éxito de la conservación europea
A comienzos de siglo quedaban menos de cien ejemplares. Hoy los censos superan los dos mil y la UICN ha rebajado su nivel de amenaza. Los atropellos y la falta de conejo siguen siendo sus grandes enemigos.
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Hace poco más de veinte años, el lince ibérico era el felino más amenazado del planeta. Los recuentos de 2002 apenas encontraron un centenar de ejemplares en libertad, divididos en dos poblaciones aisladas: una en Doñana y otra en Sierra Morena, en Andújar y Cardeña. La desaparición del conejo, su presa casi exclusiva, diezmado por la mixomatosis y la enfermedad hemorrágica, había llevado a la especie al borde del abismo.
Hoy la historia es otra. Los censos más recientes superan los dos mil ejemplares entre España y Portugal, con poblaciones estables en Andalucía, Castilla-La Mancha, Extremadura y el Alentejo portugués. En junio de 2024, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza rebajó su categoría de «en peligro» a «vulnerable», un reconocimiento poco frecuente que situó al lince como referencia mundial de recuperación de una especie.
Cómo se hizo
El éxito no fue casual. Se apoyó en un programa de cría en cautividad con centros especializados en Andalucía, Extremadura y Portugal, en la reintroducción planificada de ejemplares en nuevas áreas y en sucesivos proyectos europeos LIFE que financiaron la mejora del hábitat. Pero, sobre todo, se apoyó en algo menos visible: acuerdos con propietarios de fincas privadas, cazadores y agricultores, sin cuya colaboración el lince no habría tenido territorio donde expandirse.
La recuperación del conejo fue la otra pieza imprescindible. Sin presas suficientes, ningún programa de reintroducción habría funcionado. La gestión de majanos, la siembra de pastos y el control sanitario de las poblaciones de conejo han sido tan importantes como la propia cría de linces.
La recuperación se apoyó en algo poco visible: el acuerdo con quienes son dueños del monte.
Las amenazas que quedan
Los atropellos se han convertido en la principal causa de muerte no natural de la especie. Cada año decenas de linces mueren en carreteras que atraviesan sus áreas de campeo, lo que ha obligado a construir pasos de fauna y vallados en los tramos más peligrosos. Los científicos también vigilan la diversidad genética de unas poblaciones que descienden de muy pocos individuos y que necesitan conectarse entre sí para no empobrecerse.
La lección del lince va más allá del propio animal: demuestra que revertir una extinción es posible cuando se combinan ciencia, financiación sostenida durante décadas y acuerdos con el territorio. Es una lección que España tendrá que aplicar a otras especies, del urogallo cantábrico al visón europeo, cuyo futuro es hoy tan incierto como lo era el del lince a comienzos de siglo.
Cómo se consiguió
La recuperación del lince es el resultado de más de dos décadas de trabajo coordinado. Los programas de conservación financiados en buena parte por fondos europeos LIFE reunieron a administraciones españolas y portuguesas, organizaciones conservacionistas, propietarios de fincas y cazadores. El programa de cría en cautividad, con centros en Andalucía, Extremadura y Portugal, permitió liberar ejemplares en nuevas zonas y aumentar la diversidad genética de la especie.
Una pieza clave fue el conejo, la presa principal del lince. Las enfermedades que diezmaron las poblaciones de conejo en el último medio siglo explican en buena parte el desplome del felino. Recuperar el conejo con repoblaciones, majanos y mejora del hábitat fue tan importante como proteger al propio lince.
Las amenazas que siguen
El principal enemigo del lince hoy son las carreteras. Los atropellos se cuentan cada año por decenas y se han convertido en la primera causa de muerte no natural de la especie. Las administraciones han instalado pasos de fauna, vallados y señalización en los puntos más peligrosos, pero la expansión del felino hacia nuevas zonas multiplica los tramos de riesgo.
El cambio de categoría en la lista roja de la UICN es una gran noticia, pero los expertos insisten en que la especie no está a salvo. Su futuro dependerá de que sigan conectándose las poblaciones, de que el conejo resista y de que el campo siga siendo un lugar donde la fauna salvaje tenga espacio.
Redacción · Ciencia
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