Cultura / Patrimonio
Cien años sin Gaudí, y su obra todavía no ha terminado de levantarse
El arquitecto murió en junio de 1926, días después de ser arrollado por un tranvía en Barcelona. Un siglo después, la Sagrada Família afronta la recta final de su torre más alta mientras la ciudad discute qué hacer con su éxito.
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- Redacción · Cultura
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- Barcelona
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El 7 de junio de 1926, un hombre mayor, mal vestido y sin documentación fue arrollado por un tranvía en la Gran Via de Barcelona. Los transeúntes que lo auxiliaron tardaron en reconocerlo. Era Antoni Gaudí, el arquitecto más célebre de la ciudad, que murió tres días después en el hospital de la Santa Creu. Fue enterrado en la cripta de la obra a la que había dedicado las últimas cuatro décadas de su vida y que sabía que no vería terminada.
Cien años después, la Sagrada Família sigue en obras, aunque más cerca que nunca del final. La torre de Jesucristo, la central, alcanzará los 172,5 metros, una altura que Gaudí fijó deliberadamente por debajo de la montaña de Montjuïc porque, decía, la obra del hombre no debía superar la de Dios. Su culminación convertirá el templo en la iglesia más alta del mundo y es uno de los grandes hitos del año del centenario.
Un genio incómodo
La figura de Gaudí ha pasado por muchas fases. En vida fue admirado y discutido a partes iguales; tras su muerte, durante décadas, su obra fue vista por parte de la crítica como una extravagancia ornamental. La revalorización llegó a mediados del siglo XX, de la mano de arquitectos y estudiosos internacionales que vieron en sus estructuras —arcos catenarios, columnas arborescentes, superficies regladas— una anticipación de soluciones que la ingeniería moderna tardaría años en formalizar.
En 1984, la UNESCO incluyó varias de sus obras en la lista del Patrimonio Mundial, ampliada en 2005 hasta sumar siete edificios: entre ellos el Park Güell, el Palau Güell, la Casa Milà, la Casa Batlló, la Casa Vicens, la cripta de la Colonia Güell y la fachada del Nacimiento y la cripta de la Sagrada Família.
Gaudí sabía que no vería terminada su obra. Un siglo después, la ciudad todavía la está construyendo.
El precio de la fama
El centenario llega en un momento delicado para la relación de Barcelona con su patrimonio. Los edificios de Gaudí figuran entre los monumentos más visitados de España, y su entorno es uno de los puntos donde la saturación turística se siente con más intensidad. La finalización de la basílica ha reabierto además el debate sobre la gran escalinata prevista para la fachada de la Gloria, cuyo trazado afecta a manzanas habitadas y lleva años enfrentando a la junta constructora con vecinos y administraciones.
Más allá de la efeméride, el aniversario es una oportunidad para mirar a Gaudí sin el filtro de la postal: como un arquitecto que estudió la naturaleza con rigor casi científico, que experimentó con maquetas de cuerdas y pesos para calcular sus estructuras y que concibió la arquitectura como un oficio total. Un siglo después de aquel tranvía, su obra sigue haciendo lo que hacen los clásicos: obligarnos a mirar de nuevo.
Una obra financiada por visitantes
La Sagrada Familia es un templo expiatorio: desde su origen se financia con donativos y, hoy, sobre todo con las entradas de los millones de personas que la visitan cada año. Esa fórmula ha permitido acelerar las obras en las últimas décadas, con el uso de tecnologías de diseño y fabricación que Gaudí no pudo imaginar, aunque su método de trabajo con maquetas y geometrías regladas facilitó esa traducción.
Las obras han tenido que sortear también conflictos administrativos. Durante más de un siglo, el templo se construyó sin una licencia municipal definitiva, una situación que se regularizó en 2019 mediante un acuerdo con el Ayuntamiento de Barcelona. El proyecto de la gran escalinata de la fachada de la Gloria sigue generando debate porque afectaría a viviendas y calles del entorno.
El centenario es una ocasión para mirar más allá del templo. La Casa Batlló, La Pedrera, el Park Güell, el Palau Güell o la Casa Vicens forman un conjunto que explica una forma única de entender la arquitectura, y que convirtió a Barcelona en una referencia mundial.
Redacción · Cultura
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