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El sol como política industrial: España produce más electricidad limpia que nunca, pero la red no da abasto

Las renovables ya generan más de la mitad de la electricidad del país. El apagón de abril de 2025 abrió un debate de fondo sobre la estabilidad del sistema, el almacenamiento y las redes que deben acompañar a esa transformación.

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Redacción · Economía
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Badajoz
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Planta fotovoltaica en una llanura con encinas y un cortijo al atardecer
Una planta solar entre encinas en el suroeste peninsular.

En las llanuras de Extremadura, donde hace dos décadas solo había dehesa y cereal, se extienden hoy algunas de las plantas fotovoltaicas más grandes de Europa. Son la cara visible de una transformación que ha cambiado el mapa energético de España: según los datos de Red Eléctrica, las fuentes renovables superaron en 2024 la mitad de toda la electricidad generada en el país, con la eólica y la solar a la cabeza.

La combinación de abundante radiación solar, terreno disponible y precios de los paneles en mínimos históricos ha convertido a España en uno de los lugares más baratos del mundo para producir electricidad renovable. Para muchos economistas, esa ventaja es la gran oportunidad industrial del país: atraer industrias intensivas en energía —del hidrógeno verde a los centros de datos— que buscan electricidad limpia y barata.

El día que se apagó la península

El 28 de abril de 2025, a primera hora de la tarde, la península ibérica sufrió un apagón eléctrico sin precedentes que dejó a oscuras durante horas a España y Portugal. Trenes detenidos, semáforos apagados y hospitales funcionando con generadores convirtieron una tarde de lunes en una lección colectiva sobre lo invisible que resulta la red hasta que falla.

Las investigaciones posteriores apuntaron a una combinación de factores técnicos relacionados con el control de la tensión en la red, y el episodio abrió un debate que trasciende el incidente: cómo garantizar la estabilidad de un sistema en el que cada vez pesan más las fuentes que no aportan, por sí mismas, la inercia que daban las centrales tradicionales. La respuesta, coinciden los ingenieros, no pasa por frenar las renovables, sino por dotar al sistema de las herramientas que necesita.

La red eléctrica es invisible hasta el día en que falla. Ese día, España aprendió cuánto depende de ella.

Baterías, bombeo y cables

Esas herramientas tienen nombre: almacenamiento con baterías, centrales hidroeléctricas de bombeo, compensadores que estabilizan la tensión y, sobre todo, más y mejores redes de transporte y distribución. Las empresas del sector llevan años advirtiendo de que hay miles de megavatios de proyectos esperando conexión y de que la planificación de redes avanza más despacio que la instalación de plantas.

También queda pendiente la conversación con el territorio. Algunas comarcas rurales ven en las plantas solares una fuente de ingresos y empleo; otras denuncian la ocupación de suelo agrícola y el impacto paisajístico sin apenas retorno local. Cómo se reparten los beneficios de la transición energética será, probablemente, tan determinante para su éxito como la tecnología.

Almacenar la energía

Las baterías, los bombeos hidráulicos reversibles y otras formas de almacenamiento se han convertido en la gran asignatura pendiente. Durante las horas centrales del día, la producción solar es tan abundante que los precios mayoristas de la electricidad llegan a ser muy bajos o incluso nulos, mientras que por la noche la demanda se cubre con otras tecnologías más caras. Almacenar parte de esa energía barata para usarla después es la forma de aprovecharla mejor.

El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima fija objetivos ambiciosos de almacenamiento para esta década, y las convocatorias de ayudas y las subastas han empezado a impulsar proyectos. Sin embargo, el ritmo de instalación sigue por detrás del despliegue solar, y los expertos insisten en que el mercado necesita señales de precio más claras.

La industria como oportunidad

La energía barata es también un argumento industrial. Empresas electrointensivas, fabricantes de hidrógeno verde y centros de datos buscan en España precios competitivos y estables a largo plazo. Si el país logra reforzar su red y su capacidad de almacenamiento, podría convertir la abundancia solar en una ventaja para atraer fábricas y empleo.

Pero esa oportunidad tiene condiciones. Los vecinos de las zonas rurales donde se instalan las plantas reclaman que los beneficios se queden también en el territorio, y la planificación debe compatibilizar el despliegue con la agricultura y la protección del paisaje. La transición energética será más rápida si quienes conviven con ella la perciben como propia.

Redacción · Economía

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