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La fiebre de los centros de datos: Aragón y Madrid compiten por alojar la nube europea

Las grandes tecnológicas han anunciado inversiones multimillonarias en España atraídas por el suelo disponible y la energía renovable. El consumo de electricidad y de agua de estas instalaciones abre un debate en los territorios que las acogen.

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Redacción · Empresas
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Zaragoza
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Complejo de centros de datos con una subestación eléctrica en un paisaje agrícola seco
Un campus de centros de datos junto a una subestación eléctrica en el valle del Ebro.

En los campos de cereal que rodean Zaragoza y en los polígonos del corredor del Henares, en Madrid, se está construyendo una infraestructura que casi nadie ve pero de la que depende buena parte de la economía digital: los centros de datos. Son grandes naves repletas de servidores que almacenan y procesan la información de servicios en la nube, plataformas de comercio electrónico y, cada vez más, modelos de inteligencia artificial.

Aragón se ha convertido en el gran protagonista de esta ola. En 2024, Amazon Web Services elevó a casi 16.000 millones de euros su plan de inversión en la comunidad hasta 2033, una de las mayores inversiones extranjeras de la historia reciente de España. Microsoft también ha proyectado campus en la provincia de Zaragoza. La región ofrece suelo abundante, buenas conexiones y una creciente producción de energía eólica y solar.

Madrid, el nodo de conectividad

Madrid juega en otra liga. Su ventaja no es el suelo barato sino la conectividad: la capital concentra puntos de intercambio de tráfico de internet, sedes corporativas y una demanda empresarial que exige baja latencia. Operadores especializados han multiplicado su capacidad en el área metropolitana, y la región aspira a consolidarse como uno de los principales mercados de centros de datos del sur de Europa.

Para las administraciones, los anuncios son una oportunidad de atraer inversión y empleo cualificado. Para las empresas, España ofrece algo cada vez más escaso en Europa: electricidad renovable a precios competitivos, un argumento de peso cuando los clientes exigen reducir la huella de carbono.

La nube no está en el cielo: está en naves industriales que necesitan enchufe, agua y suelo.

Enchufe, agua y empleo

El entusiasmo convive con las dudas. Los centros de datos consumen enormes cantidades de electricidad, y la capacidad de conexión a la red se ha convertido en el principal cuello de botella para nuevos proyectos. Algunas instalaciones utilizan además agua para refrigerar los equipos, un asunto sensible en territorios que han sufrido sequías recientes.

También se discute el retorno local. La construcción genera miles de puestos de trabajo, pero una vez en funcionamiento, un centro de datos emplea a relativamente poca gente. Por eso los ayuntamientos y gobiernos autonómicos negocian cada vez más contrapartidas: formación, fondos para el territorio o compromisos de uso de energía renovable. La carrera por la nube ya ha empezado; la discusión sobre sus condiciones, apenas.

Agua y territorio

Los centros de datos necesitan sistemas de refrigeración, y algunos de ellos consumen cantidades relevantes de agua. En una región como Aragón, donde el agua es objeto de debate permanente entre agricultura, industria y abastecimiento, los proyectos han generado preguntas de vecinos, regantes y organizaciones ecologistas. Las empresas responden que utilizan sistemas de refrigeración cada vez más eficientes y que parte del consumo se concentra en los meses más calurosos.

El empleo es otro punto de discusión. La construcción de un centro de datos moviliza a cientos de trabajadores durante años, pero su funcionamiento posterior requiere plantillas relativamente reducidas. Los gobiernos autonómicos defienden que el efecto arrastre sobre proveedores, empresas tecnológicas y formación compensa esa diferencia.

La red eléctrica, de nuevo

El factor más limitante es la conexión a la red. Los centros de datos demandan potencias muy elevadas y estables, y la capacidad de acceso a la red de transporte se ha convertido en un recurso escaso que se disputan también la industria, los electrolizadores de hidrógeno y las nuevas plantas renovables. La planificación de Red Eléctrica y del Gobierno determinará qué proyectos pueden conectarse y cuándo.

España tiene a su favor energía renovable abundante, suelo disponible y buenas conexiones de fibra con Europa, África y América a través de los cables submarinos que llegan a su costa. Si la red acompaña, el país puede convertirse en uno de los grandes nodos de la nube europea.

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