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Más de dos millones de mayores viven solos: la soledad no deseada se abre paso como cuestión de salud pública

El envejecimiento de la población y los hogares cada vez más pequeños dibujan un país en el que vivir solo a partir de los 65 años es cada vez más común. Ayuntamientos y entidades sociales ensayan respuestas.

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Redacción · Sociedad
Lugar
Valladolid
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5 minutos
Una mujer mayor mira por la ventana de su piso, sentada sola junto a una mesa
Más de dos millones de mayores viven solos en España.

La Encuesta Continua de Hogares del Instituto Nacional de Estadística ofrece un dato que resume una transformación silenciosa: más de dos millones de personas de 65 años o más viven solas en España. La mayoría son mujeres, viudas en buena parte, y una proporción significativa supera los 80 años. No todas se sienten solas, ni vivir sin compañía es en sí mismo un problema. Pero los profesionales de la salud y los servicios sociales coinciden en que, cuando la soledad no es elegida, sus efectos son tan reales como los de cualquier enfermedad crónica.

La investigación médica ha vinculado la soledad no deseada con un mayor riesgo de depresión, deterioro cognitivo y enfermedades cardiovasculares. Organismos internacionales la tratan ya como una cuestión de salud pública, y en España han comenzado a aparecer estrategias específicas en comunidades autónomas y ayuntamientos.

Respuestas de proximidad

Las iniciativas que mejor funcionan, según las entidades del tercer sector, tienen algo en común: son cercanas. Programas de voluntariado que acompañan a personas mayores en sus casas, redes vecinales coordinadas con los centros de salud, farmacias y comercios de barrio formados para detectar señales de aislamiento o viviendas intergeneracionales en las que jóvenes y mayores comparten espacio.

La teleasistencia, extendida en buena parte del país, cumple una función esencial en emergencias, pero los expertos advierten de que no sustituye al contacto humano. La conversación pendiente es cómo financiar de forma estable unos servicios que hoy dependen, en muchos casos, de subvenciones anuales y del trabajo voluntario.

Vivir solo no es un problema. Sentirse solo sin haberlo elegido, sí.

Un país que envejece

Con una de las esperanzas de vida más altas del mundo y una natalidad muy baja, España envejece con rapidez. Las proyecciones demográficas anticipan que la proporción de mayores de 65 años seguirá creciendo en las próximas décadas. Cómo se cuida a quienes envejecen —y cómo se evita que lo hagan aislados— será una de las medidas más fieles de la calidad de una sociedad.

Una cuestión de salud

La investigación médica lleva años documentando que el aislamiento social prolongado se asocia con un mayor riesgo de depresión, deterioro cognitivo y enfermedades cardiovasculares. La Organización Mundial de la Salud ha incluido la conexión social entre sus prioridades y ha creado una comisión específica para abordar la soledad como problema de salud pública. En España, varias comunidades autónomas y ayuntamientos han aprobado estrategias propias contra la soledad no deseada.

Los profesionales de atención primaria son, a menudo, los primeros en detectar el problema. Un paciente que acude a la consulta con más frecuencia de la necesaria, que no tiene a quién llamar si se cae o que deja de salir de casa puede estar enviando una señal que no aparece en ninguna analítica. Algunos centros de salud han empezado a trabajar con la llamada prescripción social: derivar a esas personas a actividades comunitarias, grupos de paseo o voluntariado.

Ciudades y pueblos

La soledad no se reparte por igual. En las grandes ciudades, el anonimato, los edificios sin ascensor y la desaparición del comercio de barrio dificultan el contacto cotidiano. En los pueblos, el problema es la distancia: menos vecinos, menos servicios y familiares que viven a cientos de kilómetros. En ambos casos, la vivienda es una pieza clave. Las fórmulas de vivienda colaborativa para mayores, las viviendas intergeneracionales y los programas que emparejan a estudiantes con personas mayores que tienen habitaciones libres ganan terreno, aunque todavía a pequeña escala.

El reto es demográfico y no va a desaparecer. España es uno de los países con mayor esperanza de vida del mundo y su población mayor de 65 años seguirá creciendo en las próximas décadas. Envejecer acompañado dependerá cada vez menos de la suerte familiar y cada vez más de cómo se diseñen los barrios, los servicios sociales y la atención sanitaria.

Redacción · Sociedad

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